Y la juventud que robó Cataluña al resto de España ¿cómo se paga?

Y la juventud que robó Cataluña al resto de España ¿cómo se paga?.

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Javier Vera: | donde la razón se esconde

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Mais 30 novos radares de velocidade nos centros urbanos – SIC Notícias

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En España falta una “cultura del paro”

Estudiemos el tema desde un punto de vista científico: el auténtico problema es que no existe una “cultura del paro”. Me refiero a una serie de medidas aprendidas desde los inicios de la vida laboral que nos permitan considerar la pérdida del puesto de trabajo como un fenómeno inevitable y que nos ocurrirá al menos una vez en nuestra vida, por muy estable que nuestra situación nos parezca. El “insight” (en otras palabras decirte :”pues oye, es verdad!”), inducirá una modificación conductual y vivencial ante la celebración de un contrato de trabajo que, muy probablemente, redunde en beneficio de las dos partes implicadas. Algunos detalles que desde siempre me han sorprendido son:

1) Una persona física o jurídica que ofrece unas herramientas a otra para que con ellas multiplique su rendimiento, no está “pidiendo un favor”, sino ofreciendo un producto, cuya cotización varía dependiendo del equilibrio del Mercado. Imaginen que en lugar de ofrecer sus servicios están vendiendo coches: Naturalmente, cada cliente verá y reverá, mirará y remirará cada detalle, y si hay muchísimos vehículos semejantes (podemos recordar el fenómeno que tuvo lugar en España a mediados de los 90 con los Mercedes importados de Alemania), lógicamente intentarán conseguir el modelo con más extras y menos kilómetros por el menos valor. No tiene nada de extraño. El posicionamiento del vendedor puede ser desde “el tonto Jack” que vende los automóviles tan baratos que le pierde una pequeña fortuna a cada uno de ellos, hasta el concesionario Ferrari, donde al entrar un comprador comentando que por 5000€ se puede comprar un coche casi nuevo, el vendedor le invitará a que adquiera tal vehículo fuera de su establecimiento, puesto que el producto que él vende no tiene nada que ver con lo que el comprador enuncia (este será el caso de un profesional altamente cualificado).

2) El contratado no tiene la más mínima idea del entramado legal que subyace al proceso de contratación y despido: firma un contrato sin saber muy bien qué es a lo que se está comprometiendo, y por otra parte sólo excepcionalmente sabe reaccionar adecuadamente a la extinción del vínculo. Cláusulas “intragables”, despidos “facilitados” o incentivados bajo la amenaza de un expediente, una denuncia, etc. La frase más común del contratado: “no quiero más líos”, habitualmente dicho desde la amargura y resentimiento de quien se siente “traicionado” por un amigo o familiar muy cercano. En un extremo se posiciona el “sindicalista”, que conoce la Ley, pero carece de la flexibilidad necesaria para ceder cuando resulta necesario.

3) Apuestas a una sola carta. Con la idea clara de que el trabajo es una relación en la que alguien te da dinero a cambio de que tú hagas algo (que puede apasionarte) y de que el nexo que os une comienza y acaba aquí, aunque colateralmente pueda existir una relación personal, y que en cualquier momento el balance entre la producción relacionada con tu actividad y el coste asociado con la misma se puede tornar negativo, desencadenando tu salida, no parece mala idea tener una “red”, sea un trabajo secundario, un seguro de paro, un dinero ahorrado, etc, que te permita mantener o superar tu ritmo de vida previo durante un año, tiempo que podrás utilizar para “poner nuevamente el coche en venta” o para reciclarte y abrir una gasolinera. Al menos tener la perspectiva de la existencia de esa posibilidad, e ayudará a adoptar una actitud más racional y productiva ante el cese de tu relación económica con tal empresa y no supondrá “un vuelco” en tu vida. Dependiendo de tu actividad y capacidad económica, hasta te puedes permitir el lujo de “sacrificar” una pequeña cantidad de dinero y anunciar que aprovechas la ocasión para tomarte unas vacaciones, maniobra de imagen que eliminará cualquier posible situación de desventaja en relación con el “resto de los corredores”.