Hemorroides: silenciosas, mas no por ello banales


A lo largo de mis poco más de 15 años de ejercicio como Médico, he topado con muchos tabúes sociales: enfermedades que son ocultadas o “mal vistas”, bien por tradición, por asociarse a estilos de vida socialmente aceptados desde el punto de vista de lo “políticamente correcto”, por supersticiones que habitan en el inconsciente colectivo, o simplemente porque sus manifestaciones dificultan que el aquejado cumpla con las normas de etiqueta o, como en el problema que abordaremos hoy, la localización física de la patología se encuentre en una región anatómica “políticamente incorrecta”, y hago uso frecuente de este término porque no deja de sorprenderme que en una misma persona convivan la nobleza y generosidad con la mixtificación de todos sus esquemas de pensamiento, so pena de sufrir el repudio de sus congéneres, que para más ridiculez, comparten internamente sus ideas. Para ejemplificación del lector, y sin ánimo de faltar el respeto a nadie, un ciudadano de etnia magiar, vulgarmente llamado “gitano” es, de puertas para adentro, en las centenas de familias que he conocido, sinónimo de sucio, maleducado, mal encarado o ladrón, y me permito el “lujazo” de decirlo así de claro porque he tenido muy buenos amigos de esta casta, con quienes he comentado el asunto y me han dado la razón.

Y después de esta introducción, larga pero al tiempo pertinente y necesaria, les voy a intentar transmitir algunas informaciones de interés relativas a una de estas “enfermedades vergonzosas”, como son las Hemorroides, vulgo “almorranas”.

La primera idea, quizá desconcertante para algunos, es que todos tenemos hemorroides, que no son más que unos vasos sanguíneos que se encuentran por debajo de la primera capa de piel, región submucosa, en el ano y unos centímetros más adentro, hasta donde un dedo meñique puede llegar. Y esto, excepto quienes han sufrido una extirpación de esta parte del intestino, es igual en todas las personas, mujeres y hombre, niños y viejos, blancos y chinos. Estos vasos sanguíneos realizan una tarea beneficiosa, pues ayudan a transportar sangre y oxígeno en la región, lo que posibilita que el esfínter anal pueda cumplir sus funciones conteniendo las heces dentro del intestino. Como la mayor parte de los vasos sanguíneos, no los sentimos mientras cumplen su función adecuadamente. No obstante, esta región tiene una peculiaridad especial, y es que durante toda la vida sufre el contacto directo y rozamiento con las heces. Por otra parte, cuando existe insuficiencia venosa, igual que se hinchan las piernas, lo hacen estas venas, de las que una parte se encuentra más cercana a la salida (el ano), y son las conocidas como hemorroides externas. Análogamente, existe un grupo de mayor tamaño dentro del recto, que son las hemorroides internas. En la práctica, las hemorroides no son visibles en una persona sin patología hemorroidal. No obstante, en los casos en que, bien hacemos “sufrir” a estas venas (estreñimento, con heces muy duras, que arañan textualmente a las hemorroides, utilización de laxantes irritantes o enemas frecuentes), bien aumentamos la presión de la sangre que contienen, como sucede en las embarazadas, personas con problemas de circulación en general, o en quienes tienen exceso de peso o pasan mucho tiempo en pie, estas venas se dilatan, y al aumentar de tamaño, además de inflamarse y tener pequeñas rupturas que ocasionan pérdidas de sangre al evacuar, habitualmente unas cuantas gotas de color rojo muy claro y no mezclada con las heces, comienzan a “asomarse” por el ano. En los casos menos graves, apenas vemos un enrojecimiento en el ano, pero la gravedad del problema tiene un amplio espectro de manifestaciones, como que “se salgan las almorranas” al evacuar, debido al esfuerzo que acompaña a la expulsión del bolo fecal, volviendo a su lugar al interrumpir la maniobra o, en casos más avanzados, “empujándolas” con algún objeto. En el caso más grave, estos vasos permanecen “asomando” por el ano, sin que haya medida alguna que pueda devolverlos al interior.

Poco interés habrá tenido el párrafo anterior para el afectado, que tiene información de primera mano del proceso, dependiendo de la fase en que se encuentre. Quizá ahora disminuya la velocidad de lectura, pues voy a enumerar los síntomas más comunes, las creencias populares que no tienen más resultado que el agravamiento del cuadro, y qué es lo que se recomienda en la actualidad.

Comencé el artículo haciendo referencia al carácter “políticamente incorrecto” de estas enfermedades. En el caso de las hemorroides, el prurito (picor para los mortales) anal es una de tales manifestaciones, que genera ansiedad y algunas conductas de difícil explicación para el observador externo. De resultar más grave, el prurito se transforma en dolor, llegando a recibir en mi consulta a personas al borde de las lágrimas debido a la intensidad del cuadro. Es en esta etapa o al sangrar, cuando la persona que sufre de hemorroides recurre a las Instituciones de Salud, muy habitualmente en régimen de Urgencia debido a la alarma que desencadena un sangrado rectal o “un trozo de intestino que se está saliendo por el ano”, que así me fue descrito alguna vez el prolapso hemorroidal con gran angustia por un empleado bancario. En estos casos, las maniobras de reducción realizadas por el Facultativo tienen, dependiendo de su experiencia y empeño, una resolución del cuadro del 50 al 75% de los casos. Tras ese angustioso momento, una vez aliviados (temporalmente) los síntomas, llega la oportunidad de dedicarle unos minutos a explicarle qué es lo que tiene, qué debe hacer, qué no debe hacer, y cuales son los síntomas que indican que debe solicitar atención médica Urgente. De no tener lugar este proceso, como ocurría en los tiempos en que trabajaba en la Medicina Pública, la persona acudirá de forma equivocada y recurrente al nivel asistencial inadecuado para resolver su problema.

Tras informarle acerca de las generalidades del problema, el siguiente paso consiste en aconsejarle modificación de los hábitos higiénico-dietéticos y, eventualmente, fármacos que puedan mejorar o estabilizar la patología. Los consejos son:

  1. Evitar rascar o frotar las hemorroides independientemente de la intensidad del prurito, ya que el rascado desencadenará una respuesta inflamatoria que agravará más los síntomas, además de poder producir heridas, que por su localización tienen una elevada probabilidad de infectarse, apareciendo un absceso anal.
  2. En contra de la creencia popular de que el frío hace que las hemorroides se contraigan, y por lo tanto la aplicación de hielo o compresas con agua fría sean medios eficaces para combatir los síntomas, estos remedios inicialmente producen una contracción de las hemorroides que, como respuesta al frío, reacciona como el resto de los vasos sanguíneos libertando unas substancias dilatadoras, pues cuanto más sangre corra, más rápidamente se volverá a calentar la región. Por tanto, nada de frío.
  3. El mejor tratamiento: lavar el ano con agua templada y un jabón líquido para pieles sensibles (para bebés o higiene íntima femenina) después de evacuar, y 2-3 veces al día independientemente de que haya defecado o no. La piel que cubre las venas quedará más elástica y los síntomas disminuirán.
  4. Papel higiénico: desterrado. Por muy suave que sea, no debe utilizar papel higiénico convencional, pues la fricción agravará los síntomas. Existe un tipo especial de toallitas humedecidas de venta en farmacias que, en caso de no poder realizar la higiene como aconsejado, son una alternativa viable.
  5. Pérdida de peso: al explicar las causas de las hemorroides, al inicio del texto, señalamos que el aumento de presión en el abdomen hace que a la sangre “le cueste más trabajo” recorrer su trayecto hasta el corazón y se acumule en las regiones más bajas, en este caso, en las hemorroides, que se llenan de sangre y aumentan su tamaño. Al disminuir el peso, la sangre volverá a llegar hasta el corazón fácilmente y la congestión en el plexo hemorroidal disminuirá.
  6. Ejercicio Físico: No se trata de que haga la gran maratón. Recuerde el dicho de que quien mueve las piernas, mueve el corazón. Caminar a un ritmo normal durante unos 30 minutos por día, hará que las venas de las piernas actúen como bombas impulsoras de sangre hacia el corazón, y los síntomas disminuirán notablemente.
  7. Alimentos y bebidas: Picantes, alcohol, grasas, café, chocolate y tomate o mostaza, prohibidos al menos durante las crisis, ya que al digerirlos producen heces muy ácidas, que irritan la fina y debilitada capa de “piel” que recubre las hemorroides. Sí es recomendable tomar alimentos ricos en fibra, como los integrales, para que las heces sean más blandas y, por una parte no arañen y por otra no obliguen a hacer esfuerzos para eliminarlas.
  8. Medicación: existe una amplia gama de cremas y geles para tratamiento sintomático, la mayor parte de ellos contienen un anestésico local, un corticoide para disminuir la inflamación y algunos un fármaco para contraer los vasos sanguíneos semejantes a los utilizados como descongestionantes nasales. Estos remedios tan sólo alivian y por sí solos no curan las hemorroides, antes por el contrario, pueden producir fisuras en la piel cuando se utilizan durante más de 2 semanas o sin indicación Facultativa.
  9. Cirugía: en los casos en que todo lo anterior no consigue controlar el cuadro. Hoy día es muy simple y se practica en ambulatorio. Básicamente consiste en quemar los vasos sanguíneos implicados en el proceso con un láser.
  10. Motivos para hacer la maleta e ir rápidamente al Servicio de Urgencias de un Hospital, pues le van a operar:
    1. Que la hemorroide no vuelva al interior del recto (recuerden el caso del señor que decía que “un trozo del intestino se le estaba saliendo”)
    2. Dolor insoportable en la región, que puede indicar que se ha producido un coágulo de sangre, un trombo, que es un criterio de para operar de Urgencia.

Con estas informaciones pienso que, a nivel divulgativo, cualquier persona que tenga la paciencia de leer estas páginas, probablemente alentada por una crisis hemorroidaria y sin saber qué hacer o a quien acudir, dispone de material suficiente como para actuar de la forma más beneficiosa y rápida para el alivio o cura de su mal.

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